Autor: Aniko Villalba | relato publicado en el blog Diarios de una Mochilera, La Nación
Nos despedimos de Cusco y viajamos 15 horas hasta Nasca. Fue un viaje muy cansador, no dormimos en toda la noche por el frío y llegamos al pueblo bastante desganadas. Apenas bajamos nos empezaron a decir que tuviéramos cuidado con los rateros y con los taxis. Fuimos a la policía de turismo y un policía (que en sus ratos libres hacía de taxista) nos llevó directamente al aeropuerto para contratar el avión con el que sobrevolaríamos las milenarias líneas de Nasca.
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 -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Viajamos en una avioneta para cuatro personas, y durante los 35 minutos de vuelo el piloto iba haciendo de guía. Vimos unas 15 figuras desde el cielo, entre ellas un astronauta, un mono, un árbol, un colibrí, algunas de hasta 275 metros de longitud. Fue una sensación rarísima, desde chica me interesaron muchísimo estos enigmas y ver estas líneas de cerca me pareció irreal, como si no me estuviese pasando a mí. Fue todo muy rápido? me hubiese quedado más tiempo sobrevolando, aunque la avioneta nos mareaba un poco.
Almorzamos en el pueblo, caminamos un rato por la plaza principal y fuimos a un museo. Mientras miraba los restos que dejó la cultura Nasca (principalmente cerámicas y arte) no paraba de pensar en las líneas. ¿Cómo las hicieron? ¿Qué significado tendrían para ellos? ¿Cómo es posible que hayan perdurado tantos años? Estas mismas preguntas se las hicieron miles de científicos, arqueólogos astrónomos, investigadores desde que las líneas fueron descubiertas en 1927, y aún no se ha llegado a una sola hipótesis. María Reiche, una científica que dedicó su vida a estudiar este enigma, afirma que se trata de un calendario astronómico gigante. Esta idea es la más aceptada, sin embargo no faltan los que creen que se trata de una gran pista de aterrizaje para OVNIs. Lamentablemente, las líneas están desapareciendo: los autos y camiones pasan por encima de las líneas, sin ningún tipo de respeto, y destruyen de a poco las huellas de una antigua civilización.
 Ese mismo día nos fuimos para la ciudad de Ica, a dos horas de Nasca, porque uno de los tantos viajeros que conocimos en el camino nos había recomendado que fuéramos al oasis de Huacachina. Estábamos cansadas, con sueño y fuimos sin saber con qué nos íbamos a encontrar. Creímos que íbamos a mirar el oasis e irnos, pero nos terminamos quedando casi una semana. Huacachina tiene algo que hace que uno no quiera irse. Todos los mochileros que conocimos se quedaron por lo menos cinco días en este lugar. No hay mucho para hacer más que caminar por la laguna, mirar el atardecer desde lo alto de una duna, meterse a la pileta, hacer sandboard por el desierto? ¿qué más se puede pedir? Como dijo una canadiense, Huacachina es "backpacker?s paradise" (el paraíso de los mochileros).
 La gran pregunta era si este "Oasis de América" es una formación natural o si fue creado por el hombre para atraer turistas. Después de preguntar y averiguar, puedo concluir que fue obra de la naturaleza, aunque las distintas autoridades lo manipularon bastante y ahora está un poco descuidado. A mediados del siglo 20, Huacachina fue uno de los balnearios más exclusivos de Perú, debido a su clima cálido (ideal) y el poder curativo de su agua. Hoy, de aquella época, solamente quedan las construcciones y una laguna un poco más sucia. Cerca de Huacachina hay un pueblo llamado Cachiche, que es conocido como la ciudad de brujas. En el pasado fue un centro de reunión de brujas, hoy hay todavía muchas personas que leen las manos y tiran las cartas. Lo más impresionante de este lugar es la palmera de las siete cabezas. Como en Cachiche hay más gravedad que en otras partes del mundo, los árboles crecen de costado; de la raíz de esta palmera salen siete troncos, que crecen como serpientes arrastrándose por la tierra. Solamente hay dos en el mundo y la otra está en África. En pocos días conocí e hice cosas que jamás en mi vida me hubiese imaginado: anduve en buggy por el desierto, hice sandboard y bajé por una duna de 250 metros sin caerme, estuve en un oasis, conocí un lugar donde los árboles no crecen rectos y me senté en la cima de una duna a ver cómo bajaba el sol y se escondía entre la arena.


Mapa de ubicación del oasis de la Huacachina, Ica | Gráfico elaborado por Viajando por Perú, imágenes de yahoo maps
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